La palabra aljibe, originaria del árabe, denomina una cisterna, cubierta por una bóveda de cañón o ligeramente apuntada, levantada en ladrillo, cuya utilidad es almacenar agua. Estaban destinados al consumo humano y se llenaban derivando el agua de lluvia o mediante el transporte del líquido con carros y toneles desde ríos, fuentes o acequias.
Como aljibes se pueden considerar también otras obras con la misma
función pero diferente tipología: las construcciones
excavadas en las zonas donde existen grandes moles rocosas. En este caso, el agua de
lluvia se conducía mediante canales radiales tallados en la superficie
de las piedras, que convergían en depósitos tallados en la
superficie de las piedras, que convergían en depósitos excavados
en la roca de hasta 30 metros cúbicos de capacidad.
Los aljibes era un lujo de ricos, ya que resultaban una obra relativamente cara y tan sólo los más pòderosos podían permitírselos; el resto, salvo algunos afortunados que contaban con buenos pozos, tenía que conformarse con almacenar el agua en cántaros o tinajas.
El conjunto de los tres aljibes de Teruel responde a las características constructivas tradicionales de los romanos.
La nueva ciudad romana, construida a partir del siglo I a.C introdujo novedades en los materiales se sustituyó la piedra arenisca utilizada por los griegos por roca caliza y se abandonaron las cubiertas planas, adoptándose a partir de entonces las bóvedas de cañón opus caementicium u hormigón de cal. Estas bóvedas, además de ser más baratas, permitían salvar luces mayores; además transmitían empujes horizontales a la parte superior de los muros, lo cual hizo posible eliminar los diafragmas o riostras interiores, sin peligro de colapso, dando una mayor anchura a las cisternas.
Esta nueva forma, menos alargadas y mas ancha y profunda, resulta más
racional y económica, pues con el mismo volumen de obra de fábrica
se puede almacenar una mayor cantidad de agua.
Las cisternas romanas constituyen una evolución respecto a las cisternas griegas: construidas con piedra arenisca, son largas, estrechas y poco profundas. Tienen una planta casi rectangular, salvo en los lados cortos, que son redondeadas para evitar las aristas vivas. En ausencia de bóveda que no conocían las cubiertas son siempre planas, formadas por losas de piedras.
En el siglo XVII, tras la realización de la traída de aguas para uso humano por el arquitecto francés Quinto Pierres Vedel el aljibe fondero adquiere una nueva funcionalidad , sus instalaciones dejan de almacenar el agua de la lluvia, para convertirse en la bodega de la Taberna Vieja, de titularidad concejil