La villa de Teruel, fundada en 1171 por Alfonso II, se encuentra situada sobre una antigua terraza próxima a la confluencia de los ríos Alfambra y Guadalaviar. La ubicación sobre una colina, típica de época medieval, favorecía la defensa de la ciudad pero dificultaba el abastecimiento sobre todo de agua potable, porque la ribera del río Turia se encontraba situada a extramuros.
Si analizamos la elección del emplazamiento de una nueva ciudad observamos
que se toma en consideración su situación en la red viaria
terrestre, fluvial y marítima ; para favorecer las comunicaciones,
el comercio así como aspectos relativos a su seguridad militar y a
su crecimiento futuro.
Se trataba de evitar los emplazamientos angostos y mal ventilados y los situados próximos a terrenos pantanosos e insalubres, cuyas aguas estancadas podían causar enfermedades a sus pobladores.
La altitud y la falta de agua en el subsuelo hacia imposible que la nueva fundación de la villa de Teruel cumpliera los requisitos mínimos necesarios expuestos con anterioridad. La vida en el interior de muralla en caso de asedios era difícil, porque la villa sólo contaba con el abastecimiento de agua procedente de pequeños pozos, insuficientes para suministrar agua a todas las personas que vivían en intramuros.
Esta situación de peligro constante hace que en los siglos venideros se solucione parcialmente este problema con el sistema de almacenamiento de agua mediante la construcción de aljibes.
El rey Pedro IV de Aragón concede el Privilegio de rango de ciudad a Teruel, el 7 de septiembre de 1347, en reconocimiento a la lealtad turolense durante los enfrentamientos de ese año entre los unionistas de Aragón y Valencia. Teruel hace valer su situación geoestratégica entre los dos focos rebeldes de Zaragoza y Valencia, para apoyar al rey Pedro IV.
Destaca la participación de las tropas turolenses en la Batalla de Bétera, donde el ejército turolense cayó derrotado, los vencedores llevaron a Valencia el pendón de la ciudad como trofeo e símbolo de la victoria.
La guerra de los dos Pedros, distanció a la ciudad del monarca. El enfrentamiento entre Pedro I el cruel de Castilla y Pedro IV el ceremonioso de Aragón tras el rendimiento de la ciudad de Teruel ante las tropas castellanas. El monarca castigó a la ciudad anulando los privilegios otorgados a la ciudad durante tres años, hasta que en septiembre de 1366 les concedió el perdón y restableció sus fueros. Los privilegios otorgados por el monarca a la ciudad era los siguientes: Teruel era cabecera de una Comunidad, tenía derecho a representación en cortes y la vida de la ciudad se regia en torno al texto legislativo del Fuero de Teruel que regulaba todos los ámbitos económicos, políticos, militares….Por este motivo, era tan importante para los turolenses conservar estos privilegios otorgados por el monarca.
Para solucionar este problema, en 1374 el rey Pedro IV “el Ceremonioso” ordena construir tres aljibes públicos, cuya función era recoger el agua procedente de la lluvia, deberían ser construidos en un lugar geoestratégico para aprovechar los desniveles de terreno de la zona más alta del interior de la muralla y conducir el mayor número de litros de agua al interior de los aljibes.
El lugar elegido para la construcción de los aljibes sería la Plaza del Mercado conocida hoy, como la Plaza del Torico; se aprovecharía el desnivel de terreno existente entre la parte más alta de la muela, (zona de la Judería) y la zona neutra del entorno de la Plaza del Mercado; para canalizar el agua de las distintas vertientes que convergen en este punto, hasta el subsuelo de dicha plaza.
El maestro de obras Brahem Bellito sería el encargado de dirigir las obras. Este pertenecía a una familia de artífices que llevaron a cabo en Aragón algunas de las obras más emblemáticas del estilo mudéjar. En Zaragoza participaron en la construcción del Refectorio del Convento de Santo Domingo y dentro del recinto de la Aljafería en la iglesia de San Martín y en los salones del Palacio de Pedro IV.
La documentación consultada hace referencia a la construcción de tres aljibes; dos de ellos localizados Aljibe Fondero y Aljibe Somero y un tercero que todavía a fecha de hoy las catas arqueológicas no han conseguido detectar. Los dos aljibes se encuentran ubicados en el subsuelo de la actual plaza de Carlos Castel. En la actualidad sólo uno de ellos puede visitarse el aljibe fondero, no obstante, el aljibe Somero se está restaurando y el objetivo es que los dos aljibes sean abiertos al público.
El inicio de la obras tiene lugar en 1373, pero muy pronto la fatalidad hace que estas obras se retrasen con respecto al tiempo previsto de ejecución, veintitrés personas mueren cuando el peso de la bóveda cede y se precipita contra los obreros que se encontraban trabajando en el interior del aljibe. Este hecho, unido a los constantes enfrentamientos bélicos que tienen lugar a finales del siglo XIV hace que la obra finalice con una gran demora en el tiempo.
En 1411 en el aljibe se realizan unas obras reparación de canales y limpieza, con posterioridad a esta fecha se decide cerrar el brocal ubicado en la Plaza del Mercado con unas bisagras y un aldabón. Varias pueden ser las causas que propicien esta orden; evitar posibles robos de agua, proteger el agua de la suciedad que a través de esa conducción pudiera penetrar al interior contaminando la calidad del agua almacenada o controlar la cantidad de agua diaria que podían extraer del interior.
Tras finalizar las tensiones entre Aragón y Castilla con la firma de la Paz de Almazán en 1375, la ciudad de Teruel pierde protagonismo geoestratégico.
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